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Lo llaman desaceleración pero parece recesión

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Fuente: https://www.20minutos.es/
Lo llaman desaceleración pero parece recesión,

CARLOS BALADO. DIRECTOR GENERAL DE EUROCOFIN

Carlos Balado

De los 6,5 billones de euros de deuda en circulación de los diez países más grandes de la eurozona casi 3,3 billones presentan interés negativo. La deuda pública se ha convertido en un refugio ante la idea de que, en caso de problemas, se puede recuperar el cien por cien del capital prestado, claro que sin los intereses negativos.

Ejemplares en PDF de MiBolsillo

Alemania paga al 0 por ciento el 83% de la deuda. Holanda y Austria un 74% de la suya a ese mismo tipo. Finlandia el 72% y Francia un 67%. En España la deuda con vencimiento a cinco años registra interés negativo y el 41% del pasivo del país ofrece un rendimiento del cero por ciento. Factoría Ford Almussafes (Valencia)

Es bueno que los estados reduzcan sus deudas, pero discutible que sea mediante tipos negativos, porque generan más inconvenientes que ventajas. Es una consecuencia de abaratar al máximo el precio del dinero para estimular la concesión del crédito y animar a las empresas a invertir.

Pero también es una forma de bajar el coste de la deuda pública, situada en el nivel más alto alcanzado nunca en la historia, 66 billones de dólares, el 80 por ciento del PIB mundial. Si se le suma la deuda privada, el total asciende a 184 billones de dólares un 225 por ciento del PIB, o bien, 86.000 dólares por habitante, 2,5 veces el salario promedio a nivel global.

En términos generales, los tipos negativos esconden los riesgos reales, porque esta situación procede de un préstamo del BCE, no es un regalo, y, por tanto, ha de pagarse. Pero en términos particulares, traspasan a ahorradores, fondos de pensiones y seguridad social, que son los que compran deuda soberana, una pérdida segura. Equivale a implantar un impuesto al ahorro y que sean los ahorradores quienes financien a sus estados por endeudarse y no al revés, como ha sido lo habitual y saludable.

Existe miedo y desconfianza

La señal que subyace es que existe miedo, desconfianza, desconcierto o sencillamente que no se entiende lo que pasa. La evolución de los acontecimientos políticos y económicos están reflejando una situación de crisis, de recesión, más que de desaceleración económica, un término eufemístico, aunque impecable para un técnico. Lo cierto es que cuanta más estabilidad se requiere para resolver los problemas económicos creados hace un año, (ahora mayor es la crisis institucional.

España, Italia, Reino Unido, Argentina, tienen al frente gobiernos sin capacidad para tomar decisiones sustanciales y con tendencia a la inestabilidad y provisionalidad.

Hace solo dos años, en un entorno global favorable, las economías emergentes y avanzadas convivían sincronizadas y el comercio mundial crecía. Sin embargo, en 2018 todo se desestabiliza por el impacto de los conflictos comerciales, especialmente entre Estados Unidos y China, y las incertidumbres ligadas al desenlace del Brexit. Hechos que se han prolongado a lo largo de este año y han frenado el crecimiento (sobre todo en el sector manufacturero) y, en especial, de los intercambios comerciales.

Dificultades del sector del automóvil

Las dificultades del sector del automóvil en Europa para adaptarse tanto a las nuevas regulaciones medioambientales, como a las nuevas tecnologías de producción o a las amenazas proteccionistas, son una evidencia.

Los responsables de manejar esta situación se reprochan cierta negligencia. Los gobiernos quieren que sus bancos centrales rebajen los tipos de interés para reducir la factura que han de pagar en intereses. Así, España desembolsó 29.700 millones de euros en 2018 al aplicar un interés medio a la deuda del 2,5 por ciento. Se ahorró 1.500 millones de euros.

Por la emitida este año el Estado paga un interés medio del 0,37% y por la deuda en circulación un 2,39%. En estas circunstancias, el Tesoro español prevé ahorrar 2.300 millones de euros.

En definitiva, el pago de intereses sobre el PIB es hoy inferior al 2% del PIB, cuando en 2014 era un 2,8%. En sentido contrario, y como ponen de relieve el Banco Central Europeo y el Banco de España, los gobiernos no deben aplazar más su incomparecencia.

Ahora bien, como la política fiscal se decide por país y la política monetaria se diseña sobre la situación del conjunto, el acuerdo es muy difícil. Los bancos centrales del euro piden mecanismos de coordinación efectivos, como la creación de una capacidad fiscal de estabilización para el conjunto del área, una decisión que depende de los gobiernos nacionales y, probablemente, de las últimas que estos les gustaría tener que adoptar.

Tan enconado es el debate interno que un gobernador de un banco central, como es el caso del Gobernador del Banco de España, ha asegurado hace un mes que “resulta muy preocupante que el área del euro siga sin disponer de herramientas de política fiscal capaces de contribuir a dar una respuesta común frente a los retos actuales y favorecer un mayor grado de estabilidad cíclica para el conjunto de la Unión. De hecho, según estudios recientes del Banco de España, mientras que en Estados Unidos el presupuesto federal suaviza cerca de un 10% de las perturbaciones económicas, en Europa este mecanismo es inexistente”.

Obviamente no estamos en recesión, para esto se necesita que el Producto Interior Bruto (PIB) sea negativo dos trimestres seguidos, pero Alemania ha registrado ya un trimestre. Es absurdo esperar pasivos a ver si ocurre.

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CARLOS BALADO. DIRECTOR GENERAL DE EUROCOFIN

Carlos Balado

De los 6,5 billones de euros de deuda en circulación de los diez países más grandes de la eurozona casi 3,3 billones presentan interés negativo. La deuda pública se ha convertido en un refugio ante la idea de que, en caso de problemas, se puede recuperar el cien por cien del capital prestado, claro que sin los intereses negativos.

Ejemplares en PDF de MiBolsillo

Alemania paga al 0 por ciento el 83% de la deuda. Holanda y Austria un 74% de la suya a ese mismo tipo. Finlandia el 72% y Francia un 67%. En España la deuda con vencimiento a cinco años registra interés negativo y el 41% del pasivo del país ofrece un rendimiento del cero por ciento. Factoría Ford Almussafes (Valencia)

Es bueno que los estados reduzcan sus deudas, pero discutible que sea mediante tipos negativos, porque generan más inconvenientes que ventajas. Es una consecuencia de abaratar al máximo el precio del dinero para estimular la concesión del crédito y animar a las empresas a invertir.

Pero también es una forma de bajar el coste de la deuda pública, situada en el nivel más alto alcanzado nunca en la historia, 66 billones de dólares, el 80 por ciento del PIB mundial. Si se le suma la deuda privada, el total asciende a 184 billones de dólares un 225 por ciento del PIB, o bien, 86.000 dólares por habitante, 2,5 veces el salario promedio a nivel global.

En términos generales, los tipos negativos esconden los riesgos reales, porque esta situación procede de un préstamo del BCE, no es un regalo, y, por tanto, ha de pagarse. Pero en términos particulares, traspasan a ahorradores, fondos de pensiones y seguridad social, que son los que compran deuda soberana, una pérdida segura. Equivale a implantar un impuesto al ahorro y que sean los ahorradores quienes financien a sus estados por endeudarse y no al revés, como ha sido lo habitual y saludable.

Existe miedo y desconfianza

La señal que subyace es que existe miedo, desconfianza, desconcierto o sencillamente que no se entiende lo que pasa. La evolución de los acontecimientos políticos y económicos están reflejando una situación de crisis, de recesión, más que de desaceleración económica, un término eufemístico, aunque impecable para un técnico. Lo cierto es que cuanta más estabilidad se requiere para resolver los problemas económicos creados hace un año, (ahora mayor es la crisis institucional.

España, Italia, Reino Unido, Argentina, tienen al frente gobiernos sin capacidad para tomar decisiones sustanciales y con tendencia a la inestabilidad y provisionalidad.

Hace solo dos años, en un entorno global favorable, las economías emergentes y avanzadas convivían sincronizadas y el comercio mundial crecía. Sin embargo, en 2018 todo se desestabiliza por el impacto de los conflictos comerciales, especialmente entre Estados Unidos y China, y las incertidumbres ligadas al desenlace del Brexit. Hechos que se han prolongado a lo largo de este año y han frenado el crecimiento (sobre todo en el sector manufacturero) y, en especial, de los intercambios comerciales.

Dificultades del sector del automóvil

Las dificultades del sector del automóvil en Europa para adaptarse tanto a las nuevas regulaciones medioambientales, como a las nuevas tecnologías de producción o a las amenazas proteccionistas, son una evidencia.

Los responsables de manejar esta situación se reprochan cierta negligencia. Los gobiernos quieren que sus bancos centrales rebajen los tipos de interés para reducir la factura que han de pagar en intereses. Así, España desembolsó 29.700 millones de euros en 2018 al aplicar un interés medio a la deuda del 2,5 por ciento. Se ahorró 1.500 millones de euros.

Por la emitida este año el Estado paga un interés medio del 0,37% y por la deuda en circulación un 2,39%. En estas circunstancias, el Tesoro español prevé ahorrar 2.300 millones de euros.

En definitiva, el pago de intereses sobre el PIB es hoy inferior al 2% del PIB, cuando en 2014 era un 2,8%. En sentido contrario, y como ponen de relieve el Banco Central Europeo y el Banco de España, los gobiernos no deben aplazar más su incomparecencia.

Ahora bien, como la política fiscal se decide por país y la política monetaria se diseña sobre la situación del conjunto, el acuerdo es muy difícil. Los bancos centrales del euro piden mecanismos de coordinación efectivos, como la creación de una capacidad fiscal de estabilización para el conjunto del área, una decisión que depende de los gobiernos nacionales y, probablemente, de las últimas que estos les gustaría tener que adoptar.

Tan enconado es el debate interno que un gobernador de un banco central, como es el caso del Gobernador del Banco de España, ha asegurado hace un mes que “resulta muy preocupante que el área del euro siga sin disponer de herramientas de política fiscal capaces de contribuir a dar una respuesta común frente a los retos actuales y favorecer un mayor grado de estabilidad cíclica para el conjunto de la Unión. De hecho, según estudios recientes del Banco de España, mientras que en Estados Unidos el presupuesto federal suaviza cerca de un 10% de las perturbaciones económicas, en Europa este mecanismo es inexistente”.

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