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Errores que las empresas repiten

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Fuente: https://www.20minutos.es/
Errores que las empresas repiten,

CARLOS BALADO. DIRECTOR GENERAL DE EUROCOFIN

Carlos Balado

Una de las palabras más utilizadas en los mercados, ya sean estos de bienes y servicios o de capitales, es confianza. Mitsubishi Motors, que conforma una alianza con Renault y Nissan, despidió el 19 de noviembre de este año a Carlos Ghosn de la presidencia de la empresa por “falta de confianza”, tras ser acusado de ocultamiento de ingresos durante cinco años.

Ganar la confianza de los clientes, recuperar la confianza de los mercados, ser una empresa que genere confianza, España es un país en el que se puede confiar”, son expresiones de las que se abusa tanto, que al final se convierten en un lugar común y se pierde el sentido y el significado del término. Una mínima coherencia nos hará ver que el uso está asociado a un concepto rico en matices y exigente en cumplimiento.

La confianza se sustenta en cuatro puntos de apoyo. El primero, la integridad, que se traduce en tener principios. Una compañía que pretenda eludirlos, bien porque no los formula, o porque habiéndolo hecho se los salta, no será fiable.

La agencia que en Estados Unidos protege al medioambiente denunció a Volkswagen por instalar en sus vehículos, deliberadamente, un programa informático para evitar los límites a las emisiones. Es decir, la compañía no respeto sus propios principios. Cuando estos se vulneran, el público adopta con la compañía una actitud distante con ella, es una cuestión de tiempo y contraproducente, porque la confianza se gana en la cercanía, no desde la distancia.

El segundo es la honestidad, es decir, no mentir. Si el cliente o el inversor es implacable con la empresa cuando no cumple con lo prometido, oculta información o la escatima, en el caso de que se mienta, o un mensaje de la compañía es percibido como una mentira, las posibilidades de mantener la confianza se reducen drásticamente.

El historiador Eric Alterman asegura que las mentiras presidenciales y esto es aplicable a la empresa, “se convierten inevitablemente en monstruos que estrangulan a sus creadores”. A los líderes no les cuesta nada convencerse de que “hermosean” la verdad por el bien de sus accionistas o clientes, cuando en realidad mienten por conveniencia política o personal.

El tercero es la capacidad, cumplir con lo que se promete. No son suficientes las palabras, se necesitan hechos. Una empresa que no alcanza los objetivos, o que no consigue alcanzar sus metas o vende productos cuyas prestaciones están por debajo de las expectativas creadas, será considerada como una compañía incapaz y, por lo tanto, poco fiable.

Hoy en día, un 44 por ciento de una audiencia le da una alta credibilidad a un máximo directivo de una compañía (CEO) si hace de portavoz. Un 64 por ciento espera que el CEO tenga un papel de liderazgo antes de que se lo imponga un gobierno, mientras que un 56 por ciento dice que no tiene respeto por aquellos CEO que se mantienen en silencio ante asuntos de importancia.

Por último, los resultados. En una economía de mercado, si no se generan beneficios, no se encontrarán accionistas dispuestos a invertir. La empresa no podrá crecer, no mantendrá el empleo y se quedará sin apoyos de ningún tipo. No tendrá aire para respirar. Es un hecho comprobado que de cada 100 empresas que emprenden una actividad, sólo 17 consiguen que la empresa siga viva a los cuatro años.

A partir de ahí, 9 consiguen que la compañía perviva a los diez años. Un total de 6 consiguen que la empresa alcance un alto crecimiento y tan sólo el 0,16 por ciento logra que la empresa tenga un alto crecimiento durante más de cuatro años. Es decir, si en cuatro años la compañía no se gana la confianza de los clientes, empleados, accionistas y reguladores, se quedará fuera del mercado.

Se puede ser integro y honesto, pero al mismo tiemplo dar muestras de incapacidad y no obtener resultados, esto será una clara señal de que se perderá la confianza en poco tiempo. Por el contrario, es posible ser deshonesto y no tener integridad, aunque muy capaz y obtener magníficos resultados. Se mantendrá la confianza durante algún tiempo, pero al final acabará por desaparecer totalmente.

Como ejemplo, el mismo día en que Donald Trump y XI Jinping acordaron una tregua en su conflicto comercial, el 6 de diciembre, fue detenida la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou. Altos cargos estadounidenses aseguraron que que Trump no conocía la información, aunque sí lo sabía el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, también presente en esa cena.

Oficialmente China ha optado por separar el arresto de Wanzhou y las negociaciones comerciales. Ambas potencias mantienen una pugna por el dominio tecnológico mundial. Huawei se convirtió recientemente en el segundo mayor fabricante del mundo de teléfonos inteligentes, desbancando a Apple y solo por detrás de la surcoreana Samsung.

En reiteradas ocasiones la empresa ha negado cualquier implicación del régimen en sus operaciones, pero una nueva ley china, que exige a sus empresas nacionales a acudir en ayuda de su Gobierno si así se lo exige Pekín, ha hecho que sea cuestionada esa independencia. Independientemente de su evolución posterior, este episodio es una muestra de desconfianza y una considerable pérdida de reputación para el líder chino ante los suyos.

Las capacidades y los resultados de la compañía china generan una alta confianza, pero la sospecha de falta de honestidad e integridad han mermado una parte de ella, de hecho, ese día las bolsas mundiales cayeron con fuerza. Decía Mark Twain que “un discurso improvisado me lleva normalmente más de tres semanas prepararlo“, pues bien, improvisar la confianza, además de una equivocación, lleva algo más de tiempo y esfuerzo, y minusvalorar las implicaciones del término confianza es un error que las empresas repiten.

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CARLOS BALADO. DIRECTOR GENERAL DE EUROCOFIN

Carlos Balado

Una de las palabras más utilizadas en los mercados, ya sean estos de bienes y servicios o de capitales, es confianza. Mitsubishi Motors, que conforma una alianza con Renault y Nissan, despidió el 19 de noviembre de este año a Carlos Ghosn de la presidencia de la empresa por “falta de confianza”, tras ser acusado de ocultamiento de ingresos durante cinco años.

Ganar la confianza de los clientes, recuperar la confianza de los mercados, ser una empresa que genere confianza, España es un país en el que se puede confiar”, son expresiones de las que se abusa tanto, que al final se convierten en un lugar común y se pierde el sentido y el significado del término. Una mínima coherencia nos hará ver que el uso está asociado a un concepto rico en matices y exigente en cumplimiento.

La confianza se sustenta en cuatro puntos de apoyo. El primero, la integridad, que se traduce en tener principios. Una compañía que pretenda eludirlos, bien porque no los formula, o porque habiéndolo hecho se los salta, no será fiable.

La agencia que en Estados Unidos protege al medioambiente denunció a Volkswagen por instalar en sus vehículos, deliberadamente, un programa informático para evitar los límites a las emisiones. Es decir, la compañía no respeto sus propios principios. Cuando estos se vulneran, el público adopta con la compañía una actitud distante con ella, es una cuestión de tiempo y contraproducente, porque la confianza se gana en la cercanía, no desde la distancia.

El segundo es la honestidad, es decir, no mentir. Si el cliente o el inversor es implacable con la empresa cuando no cumple con lo prometido, oculta información o la escatima, en el caso de que se mienta, o un mensaje de la compañía es percibido como una mentira, las posibilidades de mantener la confianza se reducen drásticamente.

El historiador Eric Alterman asegura que las mentiras presidenciales y esto es aplicable a la empresa, “se convierten inevitablemente en monstruos que estrangulan a sus creadores”. A los líderes no les cuesta nada convencerse de que “hermosean” la verdad por el bien de sus accionistas o clientes, cuando en realidad mienten por conveniencia política o personal.

El tercero es la capacidad, cumplir con lo que se promete. No son suficientes las palabras, se necesitan hechos. Una empresa que no alcanza los objetivos, o que no consigue alcanzar sus metas o vende productos cuyas prestaciones están por debajo de las expectativas creadas, será considerada como una compañía incapaz y, por lo tanto, poco fiable.

Hoy en día, un 44 por ciento de una audiencia le da una alta credibilidad a un máximo directivo de una compañía (CEO) si hace de portavoz. Un 64 por ciento espera que el CEO tenga un papel de liderazgo antes de que se lo imponga un gobierno, mientras que un 56 por ciento dice que no tiene respeto por aquellos CEO que se mantienen en silencio ante asuntos de importancia.

Por último, los resultados. En una economía de mercado, si no se generan beneficios, no se encontrarán accionistas dispuestos a invertir. La empresa no podrá crecer, no mantendrá el empleo y se quedará sin apoyos de ningún tipo. No tendrá aire para respirar. Es un hecho comprobado que de cada 100 empresas que emprenden una actividad, sólo 17 consiguen que la empresa siga viva a los cuatro años.

A partir de ahí, 9 consiguen que la compañía perviva a los diez años. Un total de 6 consiguen que la empresa alcance un alto crecimiento y tan sólo el 0,16 por ciento logra que la empresa tenga un alto crecimiento durante más de cuatro años. Es decir, si en cuatro años la compañía no se gana la confianza de los clientes, empleados, accionistas y reguladores, se quedará fuera del mercado.

Se puede ser integro y honesto, pero al mismo tiemplo dar muestras de incapacidad y no obtener resultados, esto será una clara señal de que se perderá la confianza en poco tiempo. Por el contrario, es posible ser deshonesto y no tener integridad, aunque muy capaz y obtener magníficos resultados. Se mantendrá la confianza durante algún tiempo, pero al final acabará por desaparecer totalmente.

Como ejemplo, el mismo día en que Donald Trump y XI Jinping acordaron una tregua en su conflicto comercial, el 6 de diciembre, fue detenida la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou. Altos cargos estadounidenses aseguraron que que Trump no conocía la información, aunque sí lo sabía el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, también presente en esa cena.

Oficialmente China ha optado por separar el arresto de Wanzhou y las negociaciones comerciales. Ambas potencias mantienen una pugna por el dominio tecnológico mundial. Huawei se convirtió recientemente en el segundo mayor fabricante del mundo de teléfonos inteligentes, desbancando a Apple y solo por detrás de la surcoreana Samsung.

En reiteradas ocasiones la empresa ha negado cualquier implicación del régimen en sus operaciones, pero una nueva ley china, que exige a sus empresas nacionales a acudir en ayuda de su Gobierno si así se lo exige Pekín, ha hecho que sea cuestionada esa independencia. Independientemente de su evolución posterior, este episodio es una muestra de desconfianza y una considerable pérdida de reputación para el líder chino ante los suyos.

Las capacidades y los resultados de la compañía china generan una alta confianza, pero la sospecha de falta de honestidad e integridad han mermado una parte de ella, de hecho, ese día las bolsas mundiales cayeron con fuerza. Decía Mark Twain que “un discurso improvisado me lleva normalmente más de tres semanas prepararlo“, pues bien, improvisar la confianza, además de una equivocación, lleva algo más de tiempo y esfuerzo, y minusvalorar las implicaciones del término confianza es un error que las empresas repiten.

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